Estou sem tempo de pensar em algo para escrever aqui, então achei esse texto e resolvi colocá-lo aqui para que todas as pessoas saibam a importância da leitura na vida do ser humano, principalmente das mulheres.
Um casal sai no feriadão para um hotel fazenda.
O homem gosta de pescar de madrugada e
a mulher gosta de ler.
Uma manhã, o marido volta de horas pescando e
resolve tirar uma soneca.
Apesar de não conhecer bem o lago,
a mulher decide pegar o barco do marido e ler no lago.
Ela navega um pouco, ancora, e
continua lendo seu livro.
Chega um guardião do parque em seu barco,
pára ao lado da mulher e fala:
- Bom dia, Madame.
O que está fazendo?
- Lendo um livro - ela responde, e pensando:
será que não é óbvio?
- A senhora está em uma área restrita
em que a pesca é proibida, ele informa.
- Sinto muito, tenente,
mas não estou pescando, estou lendo.
- Sim, mas com todo o equipamento de pesca.
Pelo que sei,
a senhora pode começar a qualquer momento.
Se não sair daí imediatamente,
terei que multá-la e processá-la.
- Se o senhor fizer isso,
terei que acusá-lo de assédio sexual, diz a mulher.
- Mas eu nem sequer a toquei! - diz o guardião.
- É verdade, mas o senhor tem todo o equipamento.
Pelo que sei,
pode começar a qualquer momento.
- Tenha um bom dia, Madame -
ele diz e vai embora.
MORAL: Nunca discuta com uma mulher que lê.
Ela tem cérebro!
terça-feira, 27 de maio de 2008
sexta-feira, 23 de maio de 2008
Un poquito de español
Eu hoje resolvi postar um texto em espanhol para matar a saudade que eu tenho do tempo em que praticava a língua semanalmente. E também é uma oportunidade para quem quiser aprender um pouco da língua. Tentem identificar uma história em português que seja semelhante a essa. Não vale enrolar a língua.
Ah... o V tem o som de B, o J e o G soam como o RR e o T tem som de T, ou seja , tchitchia é só em português, em espanhol é titia.
LA PRESUNTA ABUELITA
Había una vez una niña que fue a pasear al bosque. De repente se acordó de que no le había comprado ningún regalo a su abuelita. Pasó por un parque y arrancó unos lindos pimpollos rojos. Cuando llegó al bosque vio una carpa entre los árboles y alrededor unos cachorros de león comiendo carne. El corazón le empezó a latir muy fuerte. En cuanto pasó, los leones se pararon y empezaron a caminar atrás de ella. Buscó algún sitio para refugiarse y no lo encontró. Eso le pareció espantoso. A lo lejos vio un bulto que se movía y pensó que había alguien que la podría ayudar. Cuando se acercó vio un oso de espalda. Se quedó en silencio un rato hasta que el oso desapareció y luego, como la noche llegaba, se decidió a prender fuego para cocinar un pastel de berro que sacó del bolso. Empezó a preparar el estofado y lavó también unas ciruelas. De repente apareció un hombre pelado con el saco lleno de polvo que le dijo si podía compartir la cena con él. La niña, aunque muy asustada, le preguntó su apellido. Él le respondió que su apellido era Gutiérrez, pero que era más conocido por el sobrenombre Pepe.
El señor le dijo que la salsa del estofado estaba exquisita aunque un poco salada. El hombre le dio un vaso de vino y cuando ella se enderezó se sintió un poco mareada.
El señor Gutiérrez, al verla borracha, se ofreció a llevarla hasta la casa de su abuela. Ella se peinó su largo pelo y, agarrados del brazo, se fueron rumbo a la casita del bosque.
Mientras caminaban vieron unas huellas que parecían de zorro que iban en dirección al sótano de la casa. El olor de una rica salsa llegaba hasta la puerta. Al entrar tuvieron una mala impresión: la abuelita, de espalda, estaba borrando algo en una hoja, sentada frente al escritorio. Con espanto vieron que bajo su saco asomaba una cola peluda. El hombre agarró una escoba y le pegó a la presunta abuela partiéndole una muela. La niña, al verse engañada por el lobo, quiso desquitarse aplicándole distintos golpes.
Entre tanto, la abuela que estaba amordazada, empezó a golpear la tapa del sótano para que la sacaran de allí. Al descubrir de dónde venían los golpes, consiguieron unas tenazas para poder abrir el cerrojo que estaba todo herrumbrado. Cuando la abuela salió, con la ropa toda sucia de polvo, llamaron a los guardas del bosque para contar todo lo que había sucedido.
Había una vez una niña que fue a pasear al bosque. De repente se acordó de que no le había comprado ningún regalo a su abuelita. Pasó por un parque y arrancó unos lindos pimpollos rojos. Cuando llegó al bosque vio una carpa entre los árboles y alrededor unos cachorros de león comiendo carne. El corazón le empezó a latir muy fuerte. En cuanto pasó, los leones se pararon y empezaron a caminar atrás de ella. Buscó algún sitio para refugiarse y no lo encontró. Eso le pareció espantoso. A lo lejos vio un bulto que se movía y pensó que había alguien que la podría ayudar. Cuando se acercó vio un oso de espalda. Se quedó en silencio un rato hasta que el oso desapareció y luego, como la noche llegaba, se decidió a prender fuego para cocinar un pastel de berro que sacó del bolso. Empezó a preparar el estofado y lavó también unas ciruelas. De repente apareció un hombre pelado con el saco lleno de polvo que le dijo si podía compartir la cena con él. La niña, aunque muy asustada, le preguntó su apellido. Él le respondió que su apellido era Gutiérrez, pero que era más conocido por el sobrenombre Pepe.
El señor le dijo que la salsa del estofado estaba exquisita aunque un poco salada. El hombre le dio un vaso de vino y cuando ella se enderezó se sintió un poco mareada.
El señor Gutiérrez, al verla borracha, se ofreció a llevarla hasta la casa de su abuela. Ella se peinó su largo pelo y, agarrados del brazo, se fueron rumbo a la casita del bosque.
Mientras caminaban vieron unas huellas que parecían de zorro que iban en dirección al sótano de la casa. El olor de una rica salsa llegaba hasta la puerta. Al entrar tuvieron una mala impresión: la abuelita, de espalda, estaba borrando algo en una hoja, sentada frente al escritorio. Con espanto vieron que bajo su saco asomaba una cola peluda. El hombre agarró una escoba y le pegó a la presunta abuela partiéndole una muela. La niña, al verse engañada por el lobo, quiso desquitarse aplicándole distintos golpes.
Entre tanto, la abuela que estaba amordazada, empezó a golpear la tapa del sótano para que la sacaran de allí. Al descubrir de dónde venían los golpes, consiguieron unas tenazas para poder abrir el cerrojo que estaba todo herrumbrado. Cuando la abuela salió, con la ropa toda sucia de polvo, llamaron a los guardas del bosque para contar todo lo que había sucedido.
segunda-feira, 19 de maio de 2008
Mais uma homenagem póstuma
Tanta gente aí pra morrer e vamos perder justamente a escritora, fotógrafa e memorialista Zélia Gattai, viúva de Jorge Amado.
Ela ocupava, desde de maio de 2002, a cadeira 23 da Academia Brasileira de Letras. Essa cadeira era a mesma ocupada por Jorge Amado e também já pertenceu a Machado de Assis.
Dos cinco filhos de dona Angelina e seu Ernesto, "sou a única que teima em viver", dizia Zélia.
Uma das coisas que mais gostava de fazer era ver novela.
A escritora Zélia Gattai Amado morreu aos 91 anos, estava internada desde o dia 16 de abril. Gattai deixa três filhos sendo dois com Amado, Paloma e João Jorge Amado, além de netos. O outro filho Luis Carlos, é fruto do casamento de oito anos com o militante comunista Aldo Veiga
"Continuo achando graça nas coisas, gostando cada vez mais das pessoas, curiosa sobre tudo, imune ao vinagre, às amarguras, aos rancores." Zélia Gattai
Ela ocupava, desde de maio de 2002, a cadeira 23 da Academia Brasileira de Letras. Essa cadeira era a mesma ocupada por Jorge Amado e também já pertenceu a Machado de Assis.
Dos cinco filhos de dona Angelina e seu Ernesto, "sou a única que teima em viver", dizia Zélia.
Uma das coisas que mais gostava de fazer era ver novela.
A escritora Zélia Gattai Amado morreu aos 91 anos, estava internada desde o dia 16 de abril. Gattai deixa três filhos sendo dois com Amado, Paloma e João Jorge Amado, além de netos. O outro filho Luis Carlos, é fruto do casamento de oito anos com o militante comunista Aldo Veiga
"Continuo achando graça nas coisas, gostando cada vez mais das pessoas, curiosa sobre tudo, imune ao vinagre, às amarguras, aos rancores." Zélia Gattai
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